Cuando alguien lee o escucha algo llamado terapias de conversión seguramente piensa en algún procedimiento matemático o informático, pues a veces lo que parece evidente resulta todo lo contrario.

Terapias de conversión

Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual e Identidad de Género

Las terapias de conversión o ECOSIG (Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual e Identidad de Género) son “tratamientos psiquiátricos, psicológicos y hasta espirituales”, con la finalidad de cambiar la orientación sexual, la identidad, o la expresión de género de aquellas personas diferentes a una heterosexualidad binaria.

Existen diferentes métodos:

  1. La terapia a base de religión: realizada frecuentemente por instituciones religiosas, incluye prácticas como rezar oraciones.
  2. La terapia de ingesta de medicamentos: para tratar desórdenes psicológicos o neurológicos

Este tipo de terapia es una practica a la que acuden algunos padres cuando se niegan asumir que su hijo es homosexual y quieren que sea heterosexual.

Las terapias de conversión: Tratamientos discriminatorios, crueles y degradantes

Estos tratamientos, como señala el experto Independiente de las Naciones Unidas sobre orientación sexual e identidad de género, Víctor Madrigal-Borloz, son “inherentemente discriminatorias, crueles, inhumanas y degradantes y que, según el grado de dolor físico o mental infligido a la víctima, pueden equivaler a formas de tortura”. 

Por tal razón, ha hecho un llamamiento a los Estados con miras a “colaborar para instaurar la prohibición mundial de las terapias de conversión”.

Terapias de conversión

La complejidad de hablar de este tipo de terapias en América Latina se debe a la debilidad del marco legal en la mayoría de los países. En Brasil, por ejemplo, hay prohibiciones que impiden a los psicólogos realizar terapias de conversión, pero algunas iglesias han publicado instrucciones específicas para el clero sobre cómo tratar pastoralmente a personas con tendencias homosexuales.  

Dichas publicaciones incluyen la Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, editado por la Iglesia católica en 1986, y Dios ama a sus hijos, ​ de los mormones. En 1994, una iglesia presbiteriana realizó una conferencia titulada The path to freedom: exploring healing for the homosexual (‘el camino a la libertad: la exploración de la curación de los homosexuales’).

Durante el siglo pasado no era extraño que algunos terapeutas propusieran cambiar la orientación sexual mediante el psicoanálisis y, en algunos casos extremos, terapia por electrochoque. En el año 1973, la Asociación Estadounidense de Psicología dejó de considerar la homosexualidad un desorden psicológico y para 1990, fue eliminada de manera definitiva por la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El consenso médico y de los trabajadores de la salud mental en los Estados Unidos es que no existe evidencia científica de que la terapia de conversión sexual sea efectiva para cambiar la orientación sexual.  Existe evidencia de que la terapia de conversión puede ser dañina. Ninguna de las principales organizaciones médicas tanto en Estados Unidos como a nivel mundial apoya la terapia.

Terapias de conversión

Expertos de la OMS han llegado a la conclusión de que las asociaciones religiosas que suelen realizar las terapias de conversión han quebrantado un área en la vida de sus pacientes, específicamente en el ámbito sexual, y que a partir de eso deben pasar por un proceso de entender que ser homosexual no es una enfermedad.

Con la terapia de conversión se comienza por indagar en un trauma de infancia de los pacientes, Víctor Madrigal-Borloz sostiene que equivalen a formas de tortura ya que se componen de abusos físicos, psicológicos, sexuales, electrocución, medicación forzada, aislamiento, confinamiento, injurias y humillación.

En la actualidad, hay cinco países latinoamericanos en los que está prohibido explícitamente este tipo de prácticas terapéuticas convertivas: Argentina, Brasil, Ecuador, Uruguay y Puerto Rico. 

Aunque las leyes no abarcan el tema de una manera lo suficientemente clara y amplia, mientras que en el resto de América Latina hay un vacío legal al respecto.

Legislar no es la única via para combatir la discriminación sexual

Reglamentar para prohibir Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual y la Identidad de Género (ECOSIG), es una urgencia, pero no es la única alternativa para erradicar la discriminación hacia la comunidad sexodiversa y la prohibición de estos “tratamientos”, por lo que se necesitan políticas públicas y compromisos de diversos sectores de la sociedad.

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Miriam Cuevas Sojo

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