En esta apuesta entre la literatura y la danza, percibimos que las dos son denominadas “lenguaje” como conector de narrativa, un hilo conductor que cuenta historias. Dolores Ponce en su ensayo Danza y literatura ¿qué relación? menciona que no se puede pensar la danza sin la escritura, operando cada una con distinta materia (el cuerpo, la letra). (Dorfl cs: 299)

Cada una tiene una labor desde la materia (el cuerpo, la letra) que aporta a la hora de crear la narrativa, contribuyendo cada una hacia su campo investigativo, pero generando puentes que pueden servir como “lenguaje expresivo.” La danza y la literatura logran el descubrir del ser humano en su esencia más pura y cada escena emitida desde el sentimiento produce un abordaje en lo estético. 

El cuerpo y la palabra, objetos de estas disciplinas, nos manifiestan cómo el lenguaje cuenta a través de una hoja en blanco o un espacio determinado y cómo adquiere un significado distinto; el crear apuestas con el cuerpo, nos da una mirada de introspección y nos permite imaginar el diálogo contado desde el cuerpo.  

DANZA-LITERATURA

¿Pero qué ocurre si lo vemos desde la literatura? La danza: cómo se expresa, cómo abarca su estilo en la escritura y moldea diferentes formas para ser contada. Partiendo de distintas perspectivas, la danza se expresa en historias basadas en el amor. Si lo planteamos desde el género erótico, sus historias recurren a lo vivencial de las bailarinas y sus vidas amorosas como lo vemos en las historias de: Dominios de pasión, Diario de una prostituta y La bailarina negra. Todas se desenvuelven en torno a su vida como bailarinas, pero falta cómo la danza enriquece a la obra; sin ser una mera descripción de los pasos dancísticos, su estética está en cómo la novela genera movimiento y lo embellece con sus giros inesperados, creando en el espectador intriga y una expectativa que lo lleve de la mano.

DANZA-LITERATURA

Si lo establecemos en la novela gráfica, la narrativa se da por medio de viñetas, cada imagen da la pauta de movimiento con sus colores, geometrías, la intervención entre los personajes, sus salidas y entradas son aquellos cuadros los que generan la danza y el juego que provoca cada escena con sus apuestas diferentes de diálogo, ya que, es la imagen quien habla. Entre sus obras más destacadas están: Flora y el flamenco, Flamenco y Cómic, Swing y La danza del mar

La imagen se convierte en vínculo con el espectador, representa en su totalidad una danza imaginaria. “Una foto, unas piernas, materialidades que sirven de alimento a la imaginación hasta aunar danza y literatura en la misma energía que vibra bajo la textura más reposada, brasas que el aire de la mañana puede hacer arder en cualquier momento. El arte usa el objeto físico (la tela enmarcada, la foto, el libro) como un espejo y una ventana”. Por Enrique Vila-Matas – En Moviment. Núm. marzo 2008

DANZA-LITERATURA

El reposo, la quietud hacen parte del movimiento y cuentan historias a través de una imagen, la imaginación se expande y busca caminos donde circulan los mundos diversos. Son historias que intervienen para inundar la mente de diálogos y de territorios inexplorados. 

Ahora bien, en los casos anteriores vemos cómo la danza se expone e interviene en todas las obras y también, cómo la literatura aporta en los espacios dancísticos para llenar de conocimiento a los bailarines. Cómo el cuerpo se da a la libertad de contar sin miedo alguno, de reflexionar y de indagar en los espectadores.

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Son actores por naturaleza que se dan a la tarea de cambiar su personalidad para intervenir ante otros y generar espacios de diálogos que no son necesariamente la palabra. “no tengo interés en mí misma- comentó entre risas-, pero si me dan un buen personaje, me gusta investigar quién lo creó, descubrir por qué lo hizo de esa manera y estudiar al ser humano desde ese punto de vista. Me resulta más gratificante entrar en otra persona que auto-representarme.” Tamara Rojo – Encuentros Loewe con la danza 2008 

Ante todo esto, la danza como esencia de movimiento en la literatura podríamos decir que es escasa, o podemos verla como un referente en los personajes, en sus diálogos y en los lugares recorridos. Si lo analizamos desde la perspectiva de los personajes, notamos que sus distensiones, alejamientos y acercamientos representan un móvil y un espacio que conduce al movimiento.

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Otro y muy importante, es el espacio en que trascurre la aventura, como menciona Ponce “el retorno”, usado como símbolo en la obra la Odisea de Homero, la figura del héroe representa el viaje turbulento, entre mareas desafiantes que resuenan cómo metáfora y transforman al héroe, una búsqueda interior cambiando significativamente a su regreso, como se evidencia en cada línea de su obra.    

Desde esta perspectiva, la danza genera en el movimiento una búsqueda o una fuente de inspiración que motiva la personificación del sentimiento, elaborando una comunicación y un discurso con el espectador. En la literatura se puede observar que, aunque las palabras no emanen, toda esa fuerza que produce el cuerpo, es la palabra la que trasmite lo que sensorialmente puede expresar el cuerpo con su movimiento.  

“La literatura jamás podría transmitir la energía de los instantes en que el cuerpo cobra vida en el escenario; ése es privilegio del «cuerpo decidido» del actor y del bailarín. Pero sí se acerca a la danza (abarcándola como a una mariposa) cuando sabe que sólo aspirando (aunque nunca lo logre) a decirlo que ese cuerpo virtuoso es capaz de transmitir sensorialmente”. (Dorfl cs: 299)

En las dos disciplinas, exponemos una aventura cargada de reflexiones y de apuestas que intervienen para aprender de una como de la otra, es un espacio, una hoja que deja la imaginación volar para expandir el conocimiento y llevarnos de la mano a un escenario de auto indagación. 


Stephanie Liévano

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