Todos alguna vez hemos sentido miedo e inquietud. Pero cuando estas sensaciones se prolongan en el tiempo, podríamos encontrarnos frente a un cuadro de ansiedad. Estos sensaciones de miedo e inquietud pueden ser detonadas por muchas cosas, y una resulta muy apropiada a nuestros tiempos: el medio ambiente. Hoy, vamos a conocer qué es la ansiedad ecológica, y cómo condiciona el día a día de las nuevas generaciones.

¿Qué es esto de “ansiedad ecológica”?

Se trata de un malestar individual, que nace en algunas personas cuando toman conciencia de las diferentes problemáticas ambientales que la humanidad ha provocado en el planeta Tierra. El deshielo ártico, la contaminación de los mares, la deforestación, pérdida de biodiversidad, microplásticos… la representación de todas estas calamidades provocan un impacto sobre el ser humano, desendacadenando un “miedo crónico a la pérdida ambiental”, como definió la Asociación Estadounidense de Psiquiatría a este trastorno.

Un ejemplo más que clarificador lo encontramos en Greta Thunberg. La mundialmente famosa activista sueca ha roto en llanto en más de una ocasión cuando ha tenido que hablar sobre el cambio climático. En otras tantas ocasiones, hemos sido espectadores de la rabia que la inacción de “quienes toman las decisiones” provoca en la activista. Y no es para menos.

Los discursos de Greta Thumberg frente a la ONU o el Parlamento Europeo han estado cargados de sentimiento desde el principio. Estos sentimientos responden, en parte, a los efectos que ver la destrucción ambiental generan sobre la joven sueca. Foto: Fundación Terram.

Efectos sobre la mente

Es que, frente a un escenario global poco prometedor, la ansiedad ecológica desencadena una larga serie de malestares que condicionan la vida diaria. Los principales son los sentimientos de impotencia y la desesperanza, pues toda acción individual se revela al sujeto como insuficiente, fútil. La falta de entusiasmo, la ira frente a la sucesión de desastres ambientales que muestra la televisión, estrés, e incluso un sentimiento de culpa, son otros síntomas de la ansiedad ecológica.

Aunque puede parecer tentador invocar la confusión de la gente, y decir que lo que sienten es ansiedad detonada por otros motivos, la organización Alianza de Psicología Climática niega tal posibilidad. En un artículo al respecto, afirman que “sólo raramente” las personas afirman padecer ansiedad ecológica cuando se debe a otra causa. Y continúa: “la investigación muestra claramente que un número masivo de personas se sienten genuinamente perturbadas, preocupadas y ansiosas por la crisis climática”.

Todo se quema

Esta problemática parece estar en rápido aumento, a escala global. Especialmente de la mano de los nuevos movimientos juveniles contra el cambio climático, como Fridays for Future. La visibilización de los desastres ambientales, junto con su recrudecimiento (incendios forestales más potentes, arrecifes enteros que perecen…) pueden llevar este tipo de ansiedad a niveles extremos.

Muchos jóvenes de hecho perciben el cambio climático como una amenaza existencial, pues ven amenazado su proyecto de vida y la supervivencia propia o de sus seres queridos. Claro que esto se percibe de manera diferente según las condiciones de vida de cada quien.

«un número masivo de personas se sienten genuinamente perturbadas, preocupadas y ansiosas por la crisis climática”

Climate Psychology Alliance (Alianza de Psicología Climática)

Sin dudas, un habitante de Maldivas va a tener un temor mayor frente al derretimiento de los polos que un francés, puesto que el aumento del nivel del mar puede destruir su casa, pero esto no es una amenaza directa en París. Y a la inversa, suele observarse que en los países más ricos del hemisferio norte, los temores son prospectivos. No se teme tanto la destrucción inmediata de la naturaleza, que no les afecta inmediatamente, sino sus efectos a mediano-largo plazo. Para el primero queda el desconsuelo del presente; para los segundos la desesperanza del futuro.

«Tú vas a morir de viejo, nosotros moriremos por el cambio climático», una pancarta más que explícita durante una manifestación por la acción climática.

Desarraigo

Debemos tener en cuenta que el número de refugiados ambientales de nuestro planeta se mantiene en ascenso. Y por eso, a los efectos psicológicos de la ansiedad ecológica debemos sumar los de la migración interregional o internacional, forzada por desastres naturales y humanos.

Así, un gran número de personas se ven enfrentando la pérdida de identidad personal, pérdidas de las estructuras de apoyo, desaparición de su sentido de control y de autonomía sobre sí mismos, pérdida de identidad profesional, fatalismo, miedo frente a la incertidumbre. Un cúmulo de problemas que sólo amaga a crecer.

¿Qué podemos hacer?

Nos encontramos frente a un escenario psicológico complejo. En los casos más graves, las personas incluso pueden experimentar una profunda culpa frente a su mera existencia, que los condiciona a consumir recursos en declive. Por supuesto, frente a un cuadro de ansiedad de cualquier tipo, si es recurrente, lo mejor es consultar con un especialista en psicología o psiquiatría.

En primera instancia, podemos preguntarnos de dónde provienen estos sentimientos. Quizás, más allá del efecto frente a la contemplación del desastre global, se encuentre la conciencia de la disconformidad entre nuestras propias acciones y un estilo de vida sustentable. Debemos tener en cuenta que la ansiedad, si bien puede ser negativa, también cumple un rol evolutivo, advirtiéndonos sobre los peligros y moviéndonos a la acción. Tal vez la ansiedad ecológica sea nuestra mente gritándonos: «cambia tus hábitos».

¿El primer paso? Hablar de lo que nos pasa, y convertir nuestras palabras en acciones. Adoptar hábitos de vida más sustentables podría, al final, ser la terapia que estábamos necesitando.


Rodrigo Salas

Instagram: rodrisalas2801

Facebook: Rodri Salas

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here