El próximo lunes llega una fecha que suele pasar desapercibida. Como cada 21 de marzo, nuestro país va a estar celebrando el Día Internacional de los Bosques. Y como estamos convencidos de que la mejor manera de celebrarlo es plantando un árbol, vamos a multiplicar la apuesta: ¡plantemos un bosque! Hoy vamos a conocer una manera de plantar frondosos grupos de árboles que, en poco tiempo, serán un ambiente autosustentable. Les presentamos el método Miyawaki.

Mismo espacio, solo 20 años entre ambas fotos. Una prueba de la efectividad del método Miyawaki. Ecoinventos.

¿No será demasiado?

Aunque plantar árboles puede sonar como una nimiedad, lo cierto es que hoy más que nunca resulta fundamental. Las matemáticas arrojan una triste estadística: el 15% de todo el dióxido de carbono (CO2) nace con la destrucción de los bosques.

Muchas personas no tienen en cuenta que los árboles almacenan este gas, productor del efecto invernadero. Tras absorberlo de la atmósfera, el CO2 queda dentro de la estructura viva del árbol. De ahí la importancia de conservar los bosques más antiguos y en particular, los especímenes más grandes, pues son los que más gases de efecto invernadero almacenan.

Pero los árboles, al ser cortados, liberan esos gases a la atmósfera, empeorando el calentamiento global. Si le sumamos el avance de la cementización urbana (reemplazar la mayor parte del suelo por cemento o asfalto), se empiezan a cerrar las oportunidades de reforestación.

Un esquema del ciclo del carbono. Si consideramos que los árboles no sólo absorben este gas, sino que lo acumulan, se deriva que, si son talados, lo liberan hacia la atmósfera, lo que altera el resto del ciclo. Openstax.org

Esto nos plantea un doble desafío frente a la deforestación: ¿Cómo podemos crear nuevos bosques con árboles adultos y rápidamente? ¿Y cómo podemos introducirlos en las zonas de tierra parceladas, pequeñas, de las ciudades?

Técnica Miyawacki

Este método nace de las preocupaciones de Akira Miyawaki, un botánico japonés, frente a la situación de los bosques en su país hacia la década de los 80s. Miyawaki descubrió que la mayoría de la foresta nipona era, de hecho, de especies foráneas introducidas siglos antes. Esto es debido al alto rendimiento maderero de dichas especies, cuyo fin era entonces comercial.

Pero, como señaló el experto, se trataba de bosques menos resilientes, menos resistentes a las “condiciones geobioclimáticas” japonesas, y también menos efectivos a la hora de luchar contra el cambio climático.

Si lo pensamos, la idea puede resultar hasta obvia: si las especies vegetales (como todas en general) se adaptan durante milenios a su medio ambiente para sacarle el máximo provecho y ser más resistentes, entonces reemplazar estas especies con otras adaptadas a diferentes condiciones ambientales no puede generar sino una mayor fragilidad del ecosistema, con la consecuente pérdida de biodiversidad, menos absorción de CO2, y un largo etcétera.

Akira tuvo que remontarse a siglos de historia, pues muchas de aquellas especies introducidas, de hecho, eran ampliamente consideradas como autóctonas de Japón. Esto nos demuestra la importancia de una previa investigación en profundidad. Una vez descubierto esto, Miyawaki aceptó la necesidad de utilizar sólo especies nativas para sus planes de reforestación de las zonas donde el bosque había sido exterminado.

La velocidad es clave

Y aquí es donde aparece el segundo problema: un bosque tarda en promedio de 200 a 300 años en alcanzar un tamaño considerable, con buenas condiciones ambientales. Pero ya a fines del siglo XX era evidente que se necesitaba un proceso más rápido. Debía lograrse en una o dos décadas como mucho.

Aunque semejante aceleración de los procesos naturales era tachada de imposible, Akira Miyawaki logró, luego de años de experimentación, dar con la clave del proceso. ¿El secreto? Plantar mucho y muy cerca.

El genio verde japonés descubrió que, si se plantaban varios ejemplares de especies autóctonas, y se colocaban en el suelo unos cerca de otros, esto los llevaría a crecer más verticalmente que hacia los lados. Esto, porque recibirían la luz por arriba y no por los costados (gracias a la sombra de los demás árboles).

Y cuando decimos que hay que colocarlos juntos, nos referimos a muy juntos: en promedio entre 3 y 5 árboles ¡por cada metro cuadrado de tierra! Lo que en otros casos sería una afrenta a los principios básicos de forestación, donde cada planta requiere su sano espacio para crecer, aquí ha demostrado resultados extraordinarios. El crecimiento hacia arriba y la complementariedad entre especies, al ser todas nativas,  facilita un crecimiento armonioso del nuevo bosque.

Bosque recuperado con el método Miyawaki, en Chile.

Eureka

Las experiencias de Miyawaki en su país resultaron todo un éxito: más de 1.400 áreas de Japón fueron exitosamente restauradas. Inclusive algunas súper-contaminadas zonas industriales, que se multiplicaron el la región asiática durante el último cuarto del siglo pasado. Y luego su mano devolvió verdor a regiones de Inglaterra, Italia, Malasia, Sri Lanka, Chile… tarea que continuó hasta su muerte, en el 2021.

El hombre que plantó árboles por todo el mundo, Akira Miyawaki, posa delante de un bosque creado con su método.

El próximo jueves, vamos a conocer una guía para la aplicación del método Miyawaki, con el paso a paso y, sobre todo, los sitios en donde buscar información adecuada para empezar este proceso. Si nos atrevemos a intentarlo, algún día, un bosque entero podría haber sido sembrado por nosotros.


Rodrigo Salas

Instagram: rodrisalas2801

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